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Inversiones forestales, alternativas de ahorro para tiempos difíciles

www.maderasnobles.net, 16 de septiembre de 2009

Son valores inmunes a la pérdida de valor. Sólidos y de crecimiento constante. Los bosques se han convertido en un refugio seguro y fiable en tiempos de parón inmobiliario e incertidumbre en las bolsas. En Estados Unidos, la inversión forestal lleva ya mucho camino recorrido. En Europa, y más aún en España, es un campo casi virgen. Pero cada vez son más los que depositan parte de sus ahorros en explotaciones forestales, comprando lotes de árboles o adquiriendo acciones de las empresas que los gestionan. Millones de hectáreas de bosque están ya en manos de las grandes fortunas del mundo.

Es tiempo de crisis. La bolsa no levanta cabeza, buena parte de los bonos que creíamos seguros resultan ser "bonos basura" de alto riesgo y los títulos hipotecarios subprime afloran en todo tipo de productos financieros. Algunos bancos anglosajones ya han sido intervenidos para salvarlos de la quiebra, y no pocos analistas apuntan a que en breve podría suceder lo propio en España, dada su excesiva exposición al ladrillo. La guinda de la tarta es una galopante inflación que erosiona el poder adquisitivo del dinero día a día.

Esta perspectiva tan negativa nos lleva a plantear una pregunta: ¿qué hacemos con nuestros ahorros? Quince años de bonanza en nuestro país han borrado de nuestras memorias lo que es una crisis, y hace apenas unos meses párrafos como el anterior habrían sido tildados de catastrofistas.

Sin embargo, los mercados financieros internacionales conocen bien este tipo de situaciones, que se producen de forma cíclica. Y saben qué medidas tomar para capear el temporal.

Uno de sus recursos favoritos son las commodities -materias primas-, ya que suelen subir de precio de forma paralela a la inflación, sirviendo por tanto como refugio de valor. La inversión en commodities puede limitarse a la mera posesión de dicha materia prima para no perder poder adquisitivo (caso del oro y otros metales nobles), o bien puede obtenerse una rentabilidad participando en el mercado de futuros (petróleo, productos agrícolas y forestales).

Más allá de lo meramente coyuntural, los grandes inversores añaden a su cartera determinados activos que les permiten participar del mercado de commodities a largo plazo, y sin tener que dedicarle tanta atención. La fórmula consiste en poseer las minas, los pozos petrolíferos o las explotaciones agrícolas que suministran estos bienes.

Junto al auge de los mercados de commodities, ha cobrado especial relevancia el sector de las inversiones forestales. Las grandes fortunas del mundo, y numerosos fondos de inversión y de pensiones, poseen ya millones de hectáreas de bosque en todo el globo.

Los resultados no son para menos: desde el principio de la serie histórica en 1987 hasta 2003, la rentabilidad media del índice NCREIF Timberland ha sido del 15,67% anual. Todo ello con una desviación estándar -medida de riesgo- de apenas el 13,2% .

La creciente demanda de estas inversiones por parte de los mercados de capitales ha tenido como consecuencia la aparición de empresas gestoras especializadas en explotaciones forestales -Timberland Investment Management Organizations (TIMOs o TIMCOs)- o sociedades de inversión que poseen grandes extensiones de bosque -Timberland Real Estate Investment Trusts (REITs o TREITs)-.

Las principales empresas gestoras de inversiones forestales institucionales –TIMOs- son la Hancock Timber Resource Group y The Campbell Group, con 9.000 y 4.000 millones de dólares en activos gestionados, respectivamente. En cuanto a las sociedades de inversión forestal –REITs-, domina Plum Creek Timber, con casi 4.000 millones de dólares en bosques. Les siguen de muy lejos Rayonier y Potlatch, que apenas suman 2.000 millones .

Funcionamiento de las inversiones forestales

Cualquier persona familiarizada con los bosques y su gestión conoce sobradamente el carácter eminentemente multifuncional de los mismos. Esto también tiene su reflejo en el origen de la rentabilidad de las inversiones forestales.

En las explotaciones madereras, el componente principal suele ser el crecimiento biológico de los árboles (normalmente entre el 4 y el 6% anual), junto al incremento del precio de la madera a largo plazo (1-2% por encima de la inflación) .

El gran peso del crecimiento biológico en la rentabilidad –relativamente estable año tras año- es la característica esencial de las inversiones forestales, ya que no guarda correlación con ningún tipo de activo financiero. Esto la hace especialmente atractiva para diversificar la cartera y es la causa del bajo riesgo.

Un potencial manejo activo permite obtener hasta un 4% adicional. Este manejo activo radica principalmente en comprar terrenos baratos, no vender madera cuando su precio es bajo ("store the value on the stump", "mantener el valor en pie"), modificar los tratamientos selvícolas según la evolución del mercado, o destinar parte del terreno a desarrollos residenciales y agrícolas ("HBU, higher and better uses"). Evidentemente, todo esto exige una gran flexibilidad en los planes de gestión forestal, y un minucioso seguimiento de los precios y las calidades más demandadas.

Este tercer concepto -el del manejo activo-, es el que diferencia más claramente las explotaciones forestales para inversión de las que sirven como reserva estratégica industrial. Mientras que las unas tienen el único objetivo de dar rentabilidad al inversor, las otras también deben velar por la seguridad de suministro para una planta procesadora en concreto -y puede que desprecien las fuentes de ingresos adicionales-.

Finalmente, hay que añadir unos ingresos extra de carácter muy diverso, como pueden ser derechos de caza y pesca, recolección de setas, apicultura, usos recreativos, etc. Este concepto suele ascender a un 1% anual, aunque puede ser muy superior según el emplazamiento y especies utilizadas.

Modalidades de inversión

La fórmula utilizada para invertir en bosques varía fuertemente en función de las preferencias de cada inversor. Teniendo en cuenta que el plazo de maduración de una inversión forestal puede ser de varias décadas -el turno de corta-, la cuestión de la liquidez se convierte en una de las más importantes.

Más arriba ya se indicaron dos vehículos de inversión diferentes. Mientras que las TIMOs gestionan bosques propiedad de un inversor institucional, las REITs son sociedades de inversión que gestionan sus propios bosques y reflejan los resultados en el valor de sus acciones.

Estas dos modalidades tienen importantes implicaciones en la cuestión de la liquidez: un inversor institucional tendría serios problemas si tuviera que vender un bosque entero -proceso que puede durar años-. Sin embargo, gracias a las REITs un inversor puede comprar o vender las acciones con cierta celeridad, con la ventaja adicional de no trastocar los planes generales de la empresa.

Asimismo, gracias a las REITs la inversión es más asequible al pequeño inversor, si bien debe contar con una volatilidad sensiblemente superior en el valor de las acciones -más riesgo-, y con que las empresas pueden poseer una gran cantidad de activos no forestales –papeleras, aserraderos, etc.

A las dos modalidades dominantes antes citadas, cabe añadir una tercera: empresas que gestionan masas forestales ajenas, pero que son divididas en pequeñas subparcelas -o lotes de árboles-, propiedad de los inversores.

De esta manera, los pequeños propietarios tienen acceso directo a la propiedad de los árboles –y únicamente árboles-, sin someterse a los vaivenes de las acciones. La cuestión de la liquidez queda parcialmente resuelta, al tratarse de un simple traspaso de contrato agro-forestal, acortándose el trámite a escasos meses, o incluso semanas. Los resultados de la inversión son en gran medida colectivos, ya que la compra de la madera se realiza al por mayor.

Estrategias de inversión

La gran diversidad de bosques existentes hace que, evidentemente, cada uno muestre unos resultados económicos tremendamente diferentes. Los datos ofrecidos en las líneas anteriores son válidos para los bosques de los EE.UU. indexados por el NCREIF. Sin embargo, las posibilidades se disparan si se contemplan las nuevas estrategias de inversión y los mercados globales.

Tradicionalmente, existen tres campos de elección a la hora de establecer una estrategia de inversión forestal: el emplazamiento, la especie y la clase de edad.

La última de ellas probablemente sea la primera que un potencial inversor se plantea. ¿Debe establecer una nueva plantación, o por el contrario le conviene comprar un bosque maduro? La respuesta, evidentemente, depende del tipo de inversor… y se trata de una elección no excluyente para grandes fortunas.

Adquirir un bosque maduro, si bien suele suponer un desembolso monetario muy superior, genera flujos de caja casi inmediatos. Por contra, una plantación basará su rentabilidad principalmente en la revalorización del activo. Más a nivel de gestión, en los bosques maduros se suele heredar al antiguo equipo de trabajo: un importante know how, pero también posibles malos hábitos y fallos de diseño difíciles de remediar.

En lo que respecta al emplazamiento, se distinguen claramente dos grupos de países. Los de climas templados –normalmente desarrollados y consumidores-, y los de climas tropicales –normalmente pobres y exportadores-.

Los mercados a los que se destina la producción se encuentra en el primer grupo, por lo que una explotación en países en vías de desarrollo deberá en todo momento tener garantizada la posibilidad de exportación –tanto legal como en infraestructura-. La mano de obra es barata, pero poco cualificada. La tierra también es barata, y normalmente muy productiva, sobre la que crecen especies muy apreciadas… pero que gozan de una mala imagen por los problemas de deforestación –lo que implica la necesidad de recurrir a la certificación-.

Una explotación en un país templado desarrollado suele tener la gran ventaja de contar con una seguridad jurídica muy alta –aspecto extremadamente importante para inversiones a largo plazo-, y la no menos valiosa facilidad de supervisión por parte del propietario. Los ingresos por manejo activo, especialmente por HBU y usos recreativos compatibles, son sensiblemente mayores que en países menos desarrollados.

Finalmente, la elección de la especie es el aspecto más determinante de cara al segmento de mercado al que uno se dirige. Las frondosas blandas tendrán como principal mercado la pasta de papel, las coníferas la madera de sierra para mueble y usos estructurales –expuestos a la construcción-, y las maderas nobles principalmente ebanistería y chapa.

Tanto las frondosas blandas como las coníferas tienen otros destinos para las maderas de menor calidad: la trituración para tableros conglomerados y la bioenergía. De forma casi marginal, también existe el mercado de postes y apeas, para troncos de escaso grosor.

Elaborar adecuadamente un perfil con las necesidades y preferencias de los inversores será la clave para decantarse por una u otra explotación, que ofrezca resultados satisfactorios. De allí la gran importancia de disponer de un equipo interdisciplinar con conocimientos suficientes de economía y de gestión forestal.
La inversión forestal en España

La inversión forestal se encuentra especialmente desarrollada en los EE.UU., ya que dicho país produce y consume alrededor del 25% de la madera del mundo, y la mayor parte de sus bosques son privados .

Por contra, en Europa la situación varía mucho de un país a otro, siendo los más avanzados al respecto los de habla inglesa o con larga tradición financiera. En España, el sector acaba de nacer, y está envuelto en una fuerte polémica.

De las modalidades de inversión anteriormente mencionadas, en España se ha optado generalmente por la tercera -propiedad de lotes o pequeñas superficies-, más por cuestiones legales que por las preferencias de los inversores.

La Ley 35/2003, de Instituciones de Inversión Colectiva, contempla la posibilidad de implementar fondos de inversión sobre activos no financieros, pero se centra exclusivamente en la inversión en bienes inmuebles urbanos para alquiler, precisando cualquier otra inversión no financiera de "disposiciones adicionales" aprobadas por el Ministerio de Economía o la CNMV . Queda así anulada -o más bien dificultada- la posibilidad de implantar una TIMO en España.

En cuanto a la implantación de un REIT, el Plan General Contable vigente hasta 2008 era poco favorable al respecto. De hecho, actualmente sólo existe una empresa de este tipo en España -EccoWood-, frente a la decena que comercializa lotes de árboles -Bosques Naturales, Maderas Nobles de la Sierra de Segura, etc.-

Este último grupo -el de la comercialización por lotes- carecía de una regulación específica hasta hace un año. Actualmente, se somete a la Ley 43/2007, que pretende aglutinar bajo una misma normativa la especulación con sellos u obras de arte, con un proceso productivo como es la obtención de madera de alta calidad.

Aunque por fin se haya dado un primer paso de cara a la protección de los pequeños inversores, el sector todavía está pendiente de una regulación propia, y de un amplio camino que recorrer. Muchas de las empresas de inversión forestal se crearon sin una experiencia previa, y sin duda han cometido numerosos errores de gestión.

Por contra, cabe decir que forman la punta de lanza de un sector en auge y con grandes posibilidades de desarrollo en los próximos años. En general tienen un fuerte sentido de la innovación, por lo que sin duda aportarán importantes nuevos conocimientos a la profesión, y pueden cosechar las mayores rentabilidades -aunque también riesgos mayores- para los inversores.

El tiempo dirá qué experiencias tienen éxito, y cuáles fracasaran. Pero se trata sin duda de un sector con mucho futuro, que ha venido para quedarse. Alta rentabilidad a riesgos moderadamente bajos –no correlacionados con la volatilidad tradicional-, combinados con un clarísimo beneficio social y ambiental, convierten a la inversión forestal en una alternativa ineludible para cualquier inversor, sea pequeño, mediano o grande.

Stefan Nolte
Responsable del Área de Calidad y Finanzas de MNSS

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