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El Precio de las emisiones puede ayudar a proteger el ambiente

13 de Diciembre de 2015, El Tiempo

Fijar el costo que acarrearán las emisiones de carbono es una clave para que el acuerdo se cumpla.

Reducir las emisiones contaminantes con el menor costo posible requiere una revolución en el uso y la producción de energía. Aumentos graduales y predecibles en los precios de las energías contaminantes proporcionarían fuertes incentivos para que las personas redujeran su consumo energético. Al mismo tiempo, fijar un precio adecuado a las emisiones de carbono nos permitiría lograr una transición suave mientras nos alejamos de los combustibles fósiles, fomentando las inversiones en innovación tecnológica.

Por eso el personal del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recomendado una estrategia para los combustibles basados en el carbono que tiene tres componentes fundamentales: fijar un precio adecuado, usar inteligentemente los impuestos y actuar ya. Y cada una de esas partes es fundamental.

Fijar el precio adecuado para los combustibles fósiles implica tener en cuenta sus verdaderos costos ambientales y los precios deben trasladar a los usuarios finales el costo completo, no solo de la producción y adquisición, sino también de los daños que causa la dependencia intensiva de los combustibles fósiles, incluidos el cambio climático y la contaminación del aire. Un precio más justo para las emisiones de carbono impulsará el ahorro de energía y la demanda de combustibles más limpios e inversiones más ‘verdes’.

En segundo lugar, el necesario cambio en los precios se alcanzará aplicando impuestos a la energía contaminante. La mejor opción es incorporar a los impuestos sobre los combustibles una tasa a las emisiones de carbono, y aplicar gravámenes similares al carbón, el gas natural y otros productos derivados del petróleo.

Su impacto sobre la recaudación sería significativo. Si los países con grandes emisiones impusieran precios de 30 dólares por tonelada de dióxido de carbono (CO2) podrían generar ingresos fiscales equivalentes a cerca del 1 por ciento de sus PIB. Ese dinero se podría usar para gestionar la carga fiscal derivada de la acción climática y para financiar recortes en los impuestos al trabajo y el capital, que distorsionan la actividad económica y limitan el crecimiento; o para reducir los déficits, cuando sea necesario.

En pocas palabras, fijar un precio a las emisiones de carbono tiene que ver con impuestos inteligentes, no más elevados. Los impuestos inteligentes se deben implementar gradualmente, para que los hogares y las empresas dispongan de tiempo para adaptarse y para que las nuevas tecnologías comiencen a funcionar. Y los ajustes graduales y personalizados son especialmente importantes para las economías en vías de desarrollo, muchas de las cuales aportan muy poco a las emisiones.

En tercer lugar, no hay tiempo que perder: los responsables de las políticas deben actuar ya. Considerando la baja en los precios de la energía, nunca hubo un mejor momento para iniciar la transición hacia una fijación de precios inteligente y eficaz para las emisiones de carbono. Según la OMS, la contaminación del aire causa más de tres millones de muertes prematuras al año. Y la acción temprana es clave para evitar, en el futuro, la implementación de esfuerzos mucho más drásticos y costosos.

Además de los esfuerzos del sector público, también necesitamos una sólida participación de las instituciones y los mercados financieros. Los bonos ‘verdes’, por ejemplo, pueden ayudar a asignar las inversiones a sectores que apoyan el crecimiento sostenible.

CHRISTINE LAGARDE

Directora gerente del FMI

Washington D. C.

© Project Syndicate

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