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La demanda de tierras para uso agrícola encarece los Llanos colombianos

Portafolio, 23 de junio de 2008

La hectárea pasó en los últimos tres años de 100.000 a 500.000 pesos por los cultivos de maíz, soya, caña de azúcar, palma aceitera, caucho y forestales, entre otros.

Este desarrollo alimenta a las industrias de alimentos balanceados, azúcar, etanol biodiesel, caucho y madera. Allí se han establecido varias empresas agroindustriales como los grupos económicos Aliar, Mavalle y Sapuga S.A., en negocios de integración vertical para la producción de materias primas para la industria de los alimentos balanceados y de los biocombustibles, lo mismo que explotaciones avícolas y porcícolas.

Otros inversionistas están por llegar.

Es el caso del grupo económico Mazuera que está negociando tierras para establecer cultivos de palma aceitera y de caña de azúcar para la producción de biodiesel y etanol, respectivamente.

A la hora de hablar de inversiones en la zona nadie da razón, pero se estima que estas son millonarias, es decir con más de seis ceros a la derecha, pues incluyen la compra y adecuación de tierras, las obras civiles y la maquinaria necesaria para operar, lo mismo que la contratación de personal.

"Hasta hoy, se estima, que la agroindustria, ha generado unos 2.000 empleos directos y se espera que la cifra sea superior a 10.000 en un término de entre siete y diez años", manifestó un cultivador de soya de Puerto Gaitán.

Ha sido tal el desarrollo agrícola y agroindustrial de la altillanura que llamó la atención de Blairo Maggi, actual gobernador del estado brasilero de Mato Grosso y uno de los más grandes cultivadores de soya del mundo, quien envió a los representantes de la división agro de su grupo económico con el fin de que evaluaran in situ la viabilidad de hacer algún tipo de inversión.

Los representantes de Grupo Maggi llevaron de regreso a Brasil un informe pormenorizado en que exponen las oportunidades y fortalezas de esta zona del país para hacer inversiones. Aparte de Maggi también hay otro grupo económico brasileño interesado. De este, que por ahora pidió la reserva de su nombre, ya comisionó a varios conocedores de la zona para que remitan informes de evaluación económica y de vocación agrícola de las tierras, con fines de compra.

Por su parte, otros agricultores particulares, colombianos, con extensiones mínimas de 100 hectáreas, también han entrado a participar del desarrollo económico de la zona. Por ahora pocos se han mantenido, porque es alto el costo de producción y la comercialización hasta ahora comienza a ser buena.

Precisamente, este municipio, a 200 kilómetros al nororiente de Villavicencio, la capital del Meta, es 'el corazón' de la altillanura colombiana, donde el valor de la tierra se ha incrementado unas cinco veces, pese a que esta no es de la mejor calidad.

"La tierra de la altillanura no es para pobres, pues sus suelos, en más del 80 por ciento, son ácidos y marcan un Ph (grado de acidez o basicidad) de entre 4,2 a 4,5", dijo Cesar Augusto Calderón, un ex funcionario del Incora, especializado en análisis de tierras, quien asesora a varios grupos económicos establecidos allí.

Así las cosas, con esta característica, lo primero que debe hacerse en la altillanura, una vez se compre la tierra es corregir esta debilidad encalando suelos, es decir, haciendo aplicaciones de cal, en un volumen, promedio, de tres toneladas por hectárea, para luego comenzar los trabajos de preparación y fertilización, dependiendo del cultivo que vaya a establecerse.

Otro de los cuidados que debe tenerse con la tierra es manejar el sistema de cero labranza, pues es imposible utilizar sistemas de arado que volteen los suelos por una sencilla razón: la capa arable no supera los cinco centímetros de grosor.

"De llegar a ser ganadería, por ejemplo, 'hacer' una hectárea de pasto cuesta no menos de 600.000 pesos, lo que alcanza solo para mantener dos animales. Así, se rompe cualquier bolsillo", dijo Calderón.

Las apreciaciones de este analista y de otros agricultores entrevistados no consideran que estas tierras (como las de Carimagua, por ejemplo) deban entregárselas a grupos de desplazados, reinsertados o a agricultores de escasos recursos económicos, pues el costo de 'hacer suelo' es bastante alto.

"Si mucha gente rica se ha quebrado intentándolo, imagínese un pobre", concluyó el especialista consultado.

Puerto Gaitán (Meta)

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